Belgrado sobre el agua

Uno de los proyectos más mediáticos que vive Belgrado y que desde su anuncio en 2014 no ha dejado de despertar un gran fuego de intereses, opiniones y cuestiones, fue lanzado a principios del mandato del nuevo gobierno Serbio, tratando supuestamente de encontrar la píldora que sanaría no solo la ciudad de Belgrado, sino al país entero.

Se trata de un mega proyecto, que se presentó unos meses después de la reorganización política del país, y que se basa en enormes inversiones extranjeras que supuestamente convertirán la ciudad en una de las más contemporáneas y que, a la vez, aportará un gran número de nuevos puestos de trabajo. Un proyecto que inevitablemente resultará en que el mundo entero ponga el foco en Serbia como reconocido líder regional.

Después del mencionado anuncio ocurrió que uno de los edificios antiguos y emblemáticos de Belgrado, que estaba en desuso por su estado lamentable y deteriorado, en cuestión de meses fue restaurado y dotado de un nuevo brillo. Cabe recordar que esta no es una actividad que ocurra frecuentemente en esta ciudad, no porque no haya edificios por restaurar, sino porque la falta de dinero y de acuerdos políticos no consiguen encontrar una fórmula que tenga por resultado una infraestructura política solida con un crecimiento paulatino, pero constante. Frente a esto, las soluciones se buscan en las inversiones extranjeras, y para conseguirlas, hay que ofrecer algo.

El edificio restaurado está dotado de una placa con las iniciales BW (Belgrade Waterfront), un producto de la empresa Eagle Hills (de Emiratos Árabes Unidos), y también de numerosos banderines de la promotora que acompañan la calle hasta la estación principal de trenes donde se encuentra una gran pancarta de proporciones gigantescas con la imagen renderizada del proyecto, dejando claro a los ciudadanos que, si se ha invertido tanto dinero en la promoción, definitivamente se está hablando de algo serio. La idea que se transmite es que está empezando un nuevo capítulo, lleno de historias brillantes donde los belgradeses son los protagonistas y les queda por delante un final muy feliz.

En el interior de dicho edificio, abierto al público, se encuentra una maqueta, que, más que a los ciudadanos, deja boquiabierto a cualquier arquitecto que sepa lo que cuesta hacer una maqueta de estas magnitudes (tanto económicamente como en tiempo). El asombro es tal, que no te deja espacio para reflexionar sobre el sentido del mismo.

La presentación del proyecto es tan firme y definitiva que aparentemente no parece que haga falta cuestionar los procesos de debates públicos sobre la integración urbanística y desarrollo que un proyecto de esta escala debería haber pasado. Parece ser una propuesta incuestionable, ya que se ha invertido tanto dinero en ello que da la sensación de que éste gobierno sabe lo que hace. Cuando uno se toma un momento para pensar, lo que ve es una propuesta muy llamativa y atractiva escenográficamente pero totalmente alienígena a la cultura Belgradense.

Se propone una torre de 200 m de altura, un centro comercial de 200.000 m2, el desplazamiento de la estación de trenes, 6.000 viviendas y cientos de miles de metros cuadrados de oficinas; se habla de la adaptación de los planos generales según la recién aterrizada maqueta, de la nueva imagen contemporánea de la ciudad, de innumerables nuevos puestos de trabajo, de la prosperidad de la industria de la construcción, de la conversión de la ciudad en un destino turístico y sobre todo, de la inversión extranjera de 3 o 4 mil millones de euros.

Evidentemente, el ratio entre la velocidad de aterrizaje y la magnitud del proyecto, no ha dejado imparcial la opinión general de la profesión, que ha planteado inmediatamente desde cuestiones conceptuales urbanísticas y arquitectónicas, hasta temas legales y de rentabilidad.  

El gobierno está anunciando el inicio de las obras para esta primavera, mientras que las respuestas a las preguntas como ¿por dónde irá el transporte público?, ¿cómo y donde aparcar más de diez mil coches?, ¿quién comprará todas estas viviendas y oficinas?, ¿dónde están los edificios públicos orientados a la cultura?¿se ha pensado realmente en ellos?, ¿qué ocurre con las vistas protegidas hacia el arrecife de Belgrado que componen la identidad de la ciudad?, etc. – han quedado borrosas y vagas.

Tampoco se responde a temas tan importantes como las valoraciones sobre la capitalización del futuro espacio construido, o sea, ¿quién va a comprar eso, a qué precio y a qué ritmo se ganará dinero de la venta de lo construido?, ¿cuánto participará la ciudad en el posible beneficio y cuanto ganará? o, al menos, ¿cuánto será capaz de devolver los créditos que son inevitables para la preparación de la zona? – porque el dinero que han dicho que se necesita para la preparación de la infraestructura de la zona (y que forma parte del trato con el inversor), la ciudad no lo tiene. 

Sobre el tema de qué pasará si el beneficio esperado no llega en la cantidad suficiente, no hay ni una palabra. Así que todo parece una diversión de apuestas, solo que en este caso la posible pérdida no la cargarán los participantes del juego, sino los ciudadanos y probablemente, unas cuantas generaciones de ellos por venir.

Es difícil tener una opinión fundamentada basada en los pocos datos que tenemos sobre los acontecimientos actuales en Belgrado. Dado que todas las cuestiones políticas (o los negocios importantes) aquí parecen estar envueltos en un velo de misticismo y falta de transparencia, este proyecto no es una excepción. De modo que, como no somos los que deciden y la política se queda reservada para los que saben, nos queda observar y testificar la evolución del proyecto basado en las rápidas decisiones de unos pocos.

Página web oficial de BW (Belgrade Waterfront): www.belgradewaterfront.com

Branko Sekulić. Corresponsal COAC en Belgrado, Serbia.

 © www.belgradewaterfront.com

Published in COAC Correspondents Journal.

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